Manos que visitan lo tosco,
voz que refleja la inmadurez
del que ha vivido sin edad,
ideas del más allá
con la sensibilidad profunda
de un arte innato.
No he podido reprimir
mi enojo y mi admiración,
no he podido llorar
mis lerdas palabras
ni he podido recrear
las metáforas del desencanto.
No, porque no,
como rabieta infantil.
Yo, la niña osada,
ella, la adulta indudable.
Con el reloj por aliado, ella;
el mío, atrasando.
Y escribo sabiendo
mi torpeza.




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